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Photo: Edwar Simal

Buenos Aires, Argentina.

Many times, we find situations difficult to explain, like the one we see in the image I captured in Buenos Aires. An indigent, apparently, nothing to be able to give, but providing food to the birds on the road of the public way. It is somewhat complicated to understand how someone who lives by begging or cleaning the glass of cars at the traffic light to eat, finds a way to give others, in this case to birds. I have seen images that are repeated daily in the street and I get no other explanation than the same that I have when I give for the simple fact of being happy to do so.


With my camera in hand, ready to capture the images of a new city for me, the picturesque flowering trees in the beginning of summer and the end of spring, the heyday of a city that wakes up to get ahead like does every day with the work from sun to sun, I came across this scene that makes me reflect: Why does he do this? How within his list of priorities may he to buy rice for the birds when it is not enough for him to eat? Is he crazy? Is he a bird lover? Are they his imaginary friends or family? what is happening to him?


It is easier than it seems to be. It is simply about giving with love and sharing what we have without expecting anything in return, nothing more than the satisfaction of having given what we wanted to whom we wanted. He knows that the birds are there only because he feeds them, but his pleasure and rejoicing at being surrounded by them makes him happy. Every day at the same time in the morning, our dear friend opens a new package of rice and sits in the same place to spread it among the birds that follow him from a few streets behind. We cannot know if this keeps him alive. If it gives hem peace or gives him the tranquility he need, but while I was present there is nothing but love and happiness around him. It is difficult to see it in an image, but it is what he gives to his birds. 


Yes, many people will say that he is an indigent and that he should devote himself to finding a job or that poor man have nothing else to do. But he could very well do nothing. Or, on the contrary, to frighten the birds with rage and the outburst by the evil that life has treated to him. In any case, he chooses to buy food for his birds every day with the money that is earned by begging or cleaning the windshields. He does not settle for having it for himself. He shares and lives happily with his birds. In the midst of his poverty he is a happy man with what he does and how he does it. I’m asking you now: Do you have to keep complaining about what you have? Can you give more than you give? In your life? In your job? To your family and friends? The most important thing, to yourself? 


Go out and share what you have with others, so you have nothing, share a smile, a good gesture, a hug or a pat on the back. A simple “I love you” to that person you see every day will suffice to bring the rice of happiness to their heart. 

 

 

See you around. 

 

 

Muchas veces nos encontramos con situaciones difícil de explicar, como la que vemos en la imagen que capturé en Buenos Aires. Un indigente, sin aparentemente nada que poder dar, está  brindándole comida a los pájaros en la caminería de la vía pública. Resulta un tanto complicado poder entender cómo alguien que vive de pedir limosna o limpiar los vidrios de los autos en el semáforo para poder comer, encuentra la manera de dar a otros, en este caso a las aves. He visto imágenes que se repiten a diario en la calle y no logro otra explicación que la misma que tengo cuando doy por el simple hecho de ser feliz al hacerlo. 


Con mi cámara en mano, dispuesto a captar las imágenes de una nueva ciudad para mi, de lo pintoresco de sus árboles floridos en el comienzo del verano y el fin de la primavera, del apogeo de una ciudad que se despierta para salir adelante como lo hace cada día con el trabajo de sol a sol, me encontré con esta escena que hace reflexionar: ¿Por qué lo hace? ¿Cómo dentro de su lista de prioridades puede estar comprar arroz para los pájaros cuando apenas le alcanza para comer a él mismo? ¿Está loco? ¿Es amante de las aves? ¿Son amigos o familiares imaginarios? ¿Qué es lo que le pasa? 


Es más sencillo de lo que parece. Simplemente se trata de dar con amor y compartir lo que uno tiene sin esperar nada a cambio, nada más allá que la satisfacción de haber dado lo que uno quería a quién uno quería. Él sabe que las aves están allí solo porque él las alimenta, pero su placer y regocijo al verse rodeado de ellas lo hace feliz. Cada día a la misma hora de la mañana, nuestro querido amigo abre un paquete nuevo de arroz y se sienta en el mismo lugar a esparcirlo entre los pájaros que lo vienen siguiendo desde unas calles atrás. No podemos saber si esto lo mantiene vivo. Si le da paz o le brinda la tranquilidad que necesita, pero mientras estuve presente no hay otra cosa que amor y felicidad a su alrededor. Es difícil verlo en una imagen, pero es lo que él le brinda a sus aves. 


Si, muchos dirán que es un indigente y que debería dedicarse a buscar un trabajo o que el pobre no tiene otra cosa que hacer. Pero muy bien él podría no hacer nada. O por el contrario, espantar las aves con la rabia y el arrebato por lo mal que la vida le ha tratado a él. En todo caso, él elije todos los días comprar alimento para sus aves con el dinero que se gana pidiendo limosna o limpiando vidrios. No se conforma con tener para él. Él comparte y vive feliz con sus aves. En medio de su pobreza es un hombre feliz con lo que hace y como lo hace. Te pregunto a ti ¿Debes seguir quejándote con lo que tienes? ¿Puedes dar más de lo que das? ¿En tu vida? ¿En tu trabajo? ¿A tu familia y amigos? Lo más importante ¿A ti mismo? 


Sal a la calle y comparte lo que tienes con los demás, así no tengas nada, comparte una sonrisa, un buen gesto, un abrazo o una palmada en la espalda. Un simple “te quiero” a esa persona que ves todos los días bastará para llevar el arroz de felicidad a su corazón. 

 

Nos leemos.

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